domingo, 14 de septiembre de 2008

Cómo huir sin dejarnos desvanecer.


Hoy leí “Lo huidizo y lo permanente” de Juan Sánchez Peláez, aún lo sueño, aún lo pienso y lo recuerdo, lo voy pensando y siento la libertad en la más pura ensoñación, queda tanto de nuestro espíritu en la palabra poética, es tan difícil acercarse y tener una comunión con la palabra, saber cuales son las palabras que la designan y la hacen renacer, vivir en el eco que deja en los demás, y así ¿Cómo no citar al poema si él es una cita de sí mismo?, ¿Cómo no citarme o no verme?, sólo recuerdo, pero en el recordar existe la emoción que se produce a través de la sensación que se mezcló con el pensamiento, y así “lo que no me tiene en cuenta/lo huidizo y permanente” hay en esa huida una especie de fuga que se recupera a través de la palabra y de la recreación o la valoración hecha al lenguaje y a la forma, a la más intima forma del poema, una forma solitaria y única, es así quizás como permanece.

La lengua es en sí misma capaz de crear una permutación y de ser infinita a través de la creación y el ensueño, ¿Cuántas veces no ha sido creado otro mundo con sólo soñar o ensoñar, con el estado más puro de la contemplación?, la imagen que vuela y se hace respiración, la imagen que se vuelve eso que sueña el otro ser y deja de ser estática, cae en la gravedad de los hilos del pensamiento.

Sueño el poema, “Si vivo/ vivo en la memoria”, el ir y venir, la existencia del ser dependiendo del otro, quizás el ser del poema vive mientras permanece en la memoria de los otros, en su existencia, la palabra nace y siendo eco se extiende y se vuelve multiplicidad de formas, de imágenes, de sueños guardados en la memoria y en el recuerdo bajo una emoción.

En el poema “Lo huidizo y lo permanente”, el sueño se hace presencia, pero una presencia que no deja de ser parte de la más pura realidad, un presencia que emana de la contemplación y la comunión del hombre con su entorno y las sensaciones más leves, más innatas, el hombre que ya deja de ser el de todos los días y vuelve a nacer a través de sus sueños, de su forma de ver y de pensar el mundo y las acciones que de forma natural se desprenden de él.


Maryfel Alvarado

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