Sé que en mis palabras no hay ese rastro de humildad que hay en las suyas, pero necesitaba agradecerle su bondad, quizás es a partir de los otros cómo nos encontramos con usted, quizás fue a partir de otra necesidad original –pero esa necesidad es de muchos-, algunas veces es una necesidad que repasa lo humano y se ciñe en nuestros ojos que sólo son descubiertos a través de las pocas miradas que todavía intuyen el dolor y no lo burlan; en este momento los hombres que habitan el mundo no tienen más tiempo que para sí mismos y para pensar que rompiendo tabues es y burlando las circunstancias morales pueden ser felices, que esa es la única manera de llegar a la “verdadera felicidad”, es muy cierto eso que dice en sus cartas, sobretodo en la última donde habla de ese estado de soledad del hombre frente al mundo; eso principalmente se debe a que estamos amparados en nosotros mismos, hemos perdido la fe, hemos perdido la capacidad de comunicarnos con los otros y de amar con esa belleza que debe ver más allá de nosotros y de nuestras propias necesidades, hemos perdido la fe, la creencia, la paz porque siempre estamos en una constante batalla frente a fantasmas existenciales, frente a la soledad y lo otro que nos hace dudar del enemigo que se alza frente a la vista de nuestros ojos, no sabe como solía contemplar, como veía los perros que todavía suelen ser animales fieles y llevan en sí esa felicidad que ha perdido el hombre, como podía pensar que el ensueño nos hacía nacer, pero siempre existen palabras que matan esa sensibilidad, existen actos, sueños y se derrumba la creencia porque los otros la devoran como presas ensimismadas; es ese ensimismamiento el que nos tiene alejados de los otros y de nosotros mismos aunque cueste creerlo. Cómo no gozar la escritura, el lenguaje, si muchas veces es un elemento que nos da más vida que la misma realidad.
Necesitaba seguir mi carta, intuir, llevar un diario de vida porque junto a los otros sólo puedo compartir ciertas aproximaciones de lo que intuyo viviendo ciertos placeres que terminan definidos por la palabra efímero, por la soledad que se disfraza de encuentro y nos sostiene al pensar que creemos en el otro; al final vivimos creyendo en lo que los otros tienen de nosotros mismos, buscando la conexión a través de nuestro propio poder, de los idilios que se transforman en verdad lentamente y los poemas que son los únicos seres capaces de acompañarnos por completo a medida que los descubrimos y se van haciéndose espejo de sí mismos y de nosotros, nacen para sí, para el ser que los crea, para el otro ser que los vive en la distancia que poco a poco va haciéndose unificación, es poco lo que he escrito últimamente pero es su muerte la única vida, es el compañero de mi soledad y el ser imaginario que termina siendo motivo de mi palabra, cómo le admiro, cómo nace cada vez que se le lee y despierta su voz desde ese otro tiempo que fue presencia; yo no quiero caer en la maldad y no tener escrúpulos, no quiero dudar de los otros, pero la vida me hace demostración de esas distancias, me abre los ojos y me atormenta, me hace nacer cada día por una verdad que se rompe, cuanto extraño ese tiempo que no nació para mí, el tiempo en que el hombre era naturaleza y la naturaleza hombre, es que había humanidad, esos pequeños momentos que nos habitan para siempre por medio de los poemas de 1920 y de comienzos del siglo XX, ¿cómo no creer en usted, en Pessoa, en Cavafis, en esos seres contempladores del abismo de la existencia?
Maryfel Alvarado
1 comentario:
Permíteme sorprenderme primeramente, es rarísima la ocasión que tengo de ver que alguien reflexiona acerca de lo que lee (por lo menos sé que muy poca gente lee por mi rancho), y además de reflexionarlo, lo hace suyo. La soledad de la que habla Rilke y que rescatas, permiteme añadir un par de ideas mías, o que por lo menos creo que lo son. Todo sder humano está solo por naturaleza, por su condición de ser único; creo que esa autenticidad evita que otros ajenos a nosotros nos comprendan, eso aleja a las personas de otras. La diferencia y lo que hace posible las relaciones humanas y hacen olvidar un poco la soledad son los que intentan comprendernos y que se acercan a asomarse a ese mundo con el que de vez en cuando soñamos o idealizamos.
No sé cuan cierto sea lo que digo, pero suena verosimil; y considero un buen acontecimiento haber encontrado tu espacio, insisto en que no muy seguido hayo a alguien que reflexione y piense en lo que lee (incluso en lo que no lee).
Bueno, espero seguir leyendo cosas tuyas en un futuro, me despido.
Elrich el Surreal McKenzie
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