domingo, 14 de septiembre de 2008

Carta a Rainer María Rilke

A Rainer María Rilke


Sé que en mis palabras no hay ese rastro de humildad que hay en las suyas, pero necesitaba agradecerle su bondad, quizás es a partir de los otros cómo nos encontramos con usted, quizás fue a partir de otra necesidad original –pero esa necesidad es de muchos-, algunas veces es una necesidad que repasa lo humano y se ciñe en nuestros ojos que sólo son descubiertos a través de las pocas miradas que todavía intuyen el dolor y no lo burlan; en este momento los hombres que habitan el mundo no tienen más tiempo que para sí mismos y para pensar que rompiendo tabues es y burlando las circunstancias morales pueden ser felices, que esa es la única manera de llegar a la “verdadera felicidad”, es muy cierto eso que dice en sus cartas, sobretodo en la última donde habla de ese estado de soledad del hombre frente al mundo; eso principalmente se debe a que estamos amparados en nosotros mismos, hemos perdido la fe, hemos perdido la capacidad de comunicarnos con los otros y de amar con esa belleza que debe ver más allá de nosotros y de nuestras propias necesidades, hemos perdido la fe, la creencia, la paz porque siempre estamos en una constante batalla frente a fantasmas existenciales, frente a la soledad y lo otro que nos hace dudar del enemigo que se alza frente a la vista de nuestros ojos, no sabe como solía contemplar, como veía los perros que todavía suelen ser animales fieles y llevan en sí esa felicidad que ha perdido el hombre, como podía pensar que el ensueño nos hacía nacer, pero siempre existen palabras que matan esa sensibilidad, existen actos, sueños y se derrumba la creencia porque los otros la devoran como presas ensimismadas; es ese ensimismamiento el que nos tiene alejados de los otros y de nosotros mismos aunque cueste creerlo. Cómo no gozar la escritura, el lenguaje, si muchas veces es un elemento que nos da más vida que la misma realidad.


Necesitaba seguir mi carta, intuir, llevar un diario de vida porque junto a los otros sólo puedo compartir ciertas aproximaciones de lo que intuyo viviendo ciertos placeres que terminan definidos por la palabra efímero, por la soledad que se disfraza de encuentro y nos sostiene al pensar que creemos en el otro; al final vivimos creyendo en lo que los otros tienen de nosotros mismos, buscando la conexión a través de nuestro propio poder, de los idilios que se transforman en verdad lentamente y los poemas que son los únicos seres capaces de acompañarnos por completo a medida que los descubrimos y se van haciéndose espejo de sí mismos y de nosotros, nacen para sí, para el ser que los crea, para el otro ser que los vive en la distancia que poco a poco va haciéndose unificación, es poco lo que he escrito últimamente pero es su muerte la única vida, es el compañero de mi soledad y el ser imaginario que termina siendo motivo de mi palabra, cómo le admiro, cómo nace cada vez que se le lee y despierta su voz desde ese otro tiempo que fue presencia; yo no quiero caer en la maldad y no tener escrúpulos, no quiero dudar de los otros, pero la vida me hace demostración de esas distancias, me abre los ojos y me atormenta, me hace nacer cada día por una verdad que se rompe, cuanto extraño ese tiempo que no nació para mí, el tiempo en que el hombre era naturaleza y la naturaleza hombre, es que había humanidad, esos pequeños momentos que nos habitan para siempre por medio de los poemas de 1920 y de comienzos del siglo XX, ¿cómo no creer en usted, en Pessoa, en Cavafis, en esos seres contempladores del abismo de la existencia?


Maryfel Alvarado

Cómo huir sin dejarnos desvanecer.


Hoy leí “Lo huidizo y lo permanente” de Juan Sánchez Peláez, aún lo sueño, aún lo pienso y lo recuerdo, lo voy pensando y siento la libertad en la más pura ensoñación, queda tanto de nuestro espíritu en la palabra poética, es tan difícil acercarse y tener una comunión con la palabra, saber cuales son las palabras que la designan y la hacen renacer, vivir en el eco que deja en los demás, y así ¿Cómo no citar al poema si él es una cita de sí mismo?, ¿Cómo no citarme o no verme?, sólo recuerdo, pero en el recordar existe la emoción que se produce a través de la sensación que se mezcló con el pensamiento, y así “lo que no me tiene en cuenta/lo huidizo y permanente” hay en esa huida una especie de fuga que se recupera a través de la palabra y de la recreación o la valoración hecha al lenguaje y a la forma, a la más intima forma del poema, una forma solitaria y única, es así quizás como permanece.

La lengua es en sí misma capaz de crear una permutación y de ser infinita a través de la creación y el ensueño, ¿Cuántas veces no ha sido creado otro mundo con sólo soñar o ensoñar, con el estado más puro de la contemplación?, la imagen que vuela y se hace respiración, la imagen que se vuelve eso que sueña el otro ser y deja de ser estática, cae en la gravedad de los hilos del pensamiento.

Sueño el poema, “Si vivo/ vivo en la memoria”, el ir y venir, la existencia del ser dependiendo del otro, quizás el ser del poema vive mientras permanece en la memoria de los otros, en su existencia, la palabra nace y siendo eco se extiende y se vuelve multiplicidad de formas, de imágenes, de sueños guardados en la memoria y en el recuerdo bajo una emoción.

En el poema “Lo huidizo y lo permanente”, el sueño se hace presencia, pero una presencia que no deja de ser parte de la más pura realidad, un presencia que emana de la contemplación y la comunión del hombre con su entorno y las sensaciones más leves, más innatas, el hombre que ya deja de ser el de todos los días y vuelve a nacer a través de sus sueños, de su forma de ver y de pensar el mundo y las acciones que de forma natural se desprenden de él.


Maryfel Alvarado