La vida es uno de los ejes que se unen a la Literatura formando una misma realidad que se origina de la experiencia del hombre y su capacidad para ficcionar gran parte de la misma, para encontrarla en el espejo de la vida y de esa forma hacerla parte de la obra literaria.
Si citamos a Sergio Pitol, podemos observar como en su artículo sobre el Quijote llamado “El tercer hombre”, es capaz de conjugar el ser a la realidad del mundo, pero a su vez a la realidad literaria; Cervantes no sólo es el autor que mira, que cree, que posee para luego caer en la no posesión de la obra; es habla que se ciñe a la misma estancia del ser, su errancia y su poder de hacerse mito, de lentamente transformarse en la otra mirada que origina la luz y hace sentir al hombre la presencia de la humanidad y de la forma más intacta del mundo; cuando leemos estamos traduciendo con nuestra mirada al otro para caer en nosotros mismos; este es uno de los tantos aspectos que los dos artículos de los ensayistas mexicanos tocan, de la vida a la obra, de la obra a la vida, o la vida dentro de la misma obra, ¿hasta que punto podrá ser real?, la lectura como medio de ficción más allá de la razón, la entrega a partir de una lectura a la aventura incierta y en algunos casos certera, real.
Si se cita a Borges en su “Pierre Menard, autor del Quijote”, nos damos cuenta de que ese otro autor escribe la obra con las mismas palabras, pero ¿cómo la lee?, ¿Estará cumpliéndose la cita de Villoro de que la obra no cambia la forma sino el contenido, resultando que de lo explicito van a irse originando nuevos fondos, nuevas formas de leer a la obra que sigue dentro de su misma forma, de cambiarla con el tiempo para que de esa manera no cese su condición de clásico y siga naciendo desde su antiguo licor?
Sería ambicioso decirlo, pero no sólo podríamos ser personajes al hablar de que el lector de igual forma podría estar dentro de la ficción, quizás podríamos ser autores, en cuanto a lo referido a las llamadas lectura y reescritura; a la reinvención nacida de la invención, del origen, pues al leer reescribimos, transcribimos el original con otros ojos, los ojos de la pasión, los ojos del deslumbramiento, los ojos de la seducción nacida de la palabra; una nueva voz nace y es en Sergio Pitol y Juan Villoro como surge una de esas miradas, ese otro tiempo, la transparencia que comienza a dar luz a las formas, a los fondos, a describir a partir de la mirada del primer amor, de la primera lectura que luego será la quinta y que verá desde otros ojos lo que alguna vez vio por primera vez –leyó-, así comenzará el juego que luego nos invitará a pensar, a vivir nuestra propia reflexión; así despertará el silencio que poco a poco se hará voz, llama, vigilia, eclipse; comprenderemos, entenderemos, viviremos el tiempo que se ilumina para después desaparecer, ¿y después?, después surgirá la nada, alguna parte del todo contextual, textual, llevaremos la obra al infinito o a la extinción.
El comienzo del artículo de Villoro, “La suerte de una literatura depende de la forma en que es leída”, es una observación que palpa no sólo al Quijote sino al gran espíritu de la literatura, ¿lo encontraremos?, no sólo la escritura; esta cae bajo el yugo del lector y la voz de su lectura, la nueva invención, pues al leer no sólo estamos describiéndonos y salvándonos a nosotros mismos, estamos formando parte de esa suerte de la literatura, estamos salvándola, mirándola, recreándola a partir de su propia forma y fondo, estamos conjugando cada verbo, haciéndolo existir.
Si tuviésemos que hablar del destiempo y del verso de Guillermo Sucre “poetas de su tiempo llegan a destiempo”, Cervantes es uno de esos creadores que además de crear una de las obras que da inicio a lo que se conoce como la modernidad –ambos ensayistas hacen referencia a esa denominación-, nos lega otras suertes, si bien como refiere Pitol a lo dicho por Victor Sklosvski : “ la novela no sólo era la más nueva en la época de Cervantes, sino que en el siglo XX, en la época de las vanguardias, seguía siendo la más moderna”, es decir, es una obra que fue más allá de su tiempo y cuyas estructuras han erigido la suerte de otras literaturas posteriores, siendo un modelo de creación cuyas formas laten en los ecos de otras obras.
Ambos ensayos de diferentes maneras tocan lo biográfico; como puede surgir ese mundo a partir de un mundo vivido, de un realidad palpada, la gran conjunción existente en el artículo de Pitol es como Cervantes no sólo es autor sino parte de la ficción, el tercer hombre que también está dentro de la obra, como el Quijote puede estar leyendo el mundo quijotesco y Hamlet puede ser espectador de Hamlet, una obra de teatro dentro de la obra de teatro, el maravilloso juego donde la ficción se ficciona a sí misma, o se crea una especie de metaficción sino es el juego de la historia de la cual se desprende otra historia que forma parte de ese mundo; otro mundo surge dentro de ese mundo, quizás nosotros estemos en la última realidad, ¿cuál?; se plantea, se cuestiona a través de los juegos del lenguaje, de la vida y del diálogo, como la literatura forma parte de esas “magias parciales” que crearán una especie de totalidad a partir del lector que también llegará a cuestionarse la manera de escribir y de leer dentro de esa misma escritura.
Maryfel Alvarado
2 comentarios:
¡Hola, Maryfel!
He leido en tu perfil de blogger que uno de tus autores literarios preferidos es Pavese.
Acabo de colgar una entrada líbremente inspirada en él.
Te agradecería que la leyeras.
Voy a enredar por tu blog
Gracias
Nino
Me permitiré incluir una parte que -no puedo evitar ser un tanto romántico-, bien podría representar el primer asomo a la realidad de Segismundo, su encuentro con Rosaura:
"Con cada vez que te veo
nueva admiración me das,
y cuando te miro más,
aún más mirarte deseo.
Ojos hidrópicos creo
que mis ojos deben ser,
pues cuando es muerte el beber
beben más, y desta suerte,
viendo que el ver me da muerte
estoy muriendo por ver."
Son los versos 223-232, y ésta es su expresión al ver la belleza de ella, y que puede sugerir cierta exageración de Segismundo, pues es la primera mujer que ve. Pero, al salir de su encierro, cada cosa a la que se enfrenta, le es nueva aunque aparentemente no maravillosa (talvez conozca las cosas en teoria). ¿No es acaso soñar no dejar de sorprendernos?, en cierto sentido, en un sentido surrealista, soñar implica seguir siendo niños, dejar que las cosas simples de la vida y las complicadas también nos sigan sorprendiendo; a mi ver, soñar es la característica más importante de cualqueir persona; en Dama de corazones, Xavier Villaurrutia dice: "vivir sin soñar, ¿que otra cosa es sino morir?" (caresco de la fuente que incluye esta noveleta). Creo que fusiona muy bien las ideas que reflejas (mejor dicho, que creo que reflejas) sobre las dos significaciones del sueño.
Y te dejo mi frase favorita que se refiere al sueño:
"El sueño me dejo una sensación de pérdida tan amarga que pensé que la vida sólo podía vivirse durmiendo".
Elrich el Surreal McKenzie.
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