martes, 19 de mayo de 2009

Recorrido visual de una pila bautismal


Escribir sobre una imagen es escribir sobre una de las tantas formas de sentir el descubrimiento. Camino a través del largo pasillo de La Casa de Bello que parece prolongarse hasta el infinito. El cielo está en el medio al igual que los árboles y la luz que llega desde ese centro. Se siente el viento. Camino y me encuentro con la pila bautismal que utilizaron para bautizar a Andrés Bello. Comienzo a pensar en qué es eso de la utilidad. Comienzo a pensar en algunas de las formas en cómo esta pila bautismal iba a ser contemplada o ignorada. Algunos se detendrán y la observarán, otros solamente pasarán junto a esta y nunca existirá (al menos para ellos), habrá quienes le tomarán fotos para guardarlas en sus álbumes y pensar que es allí donde se guardan los recuerdos, quizás las mostrarán a los demás diciendo con orgullo que ese fue uno de los lugares que no dejaron de visitar, otros le darán permiso a su imaginación y escribirán un poema o alguna historia a partir de la contemplación hecha a ese objeto. Pienso en Andrés Bello.
Escribir sobre los objetos es darles una mirada y quizás un valor que traspasa sus finalidades originales, es ahondar en lo estético, en lo imaginativo. La utilidad impera sobre el sueño. El sueño la vence cuando el mundo se escribe. La pieza deja de tener una finalidad específica y se hace parte del imaginario de un ser que nos ha legado palabras, ideas, una gramática y el primer Código Civil de Chile. Pienso en la humanidad. En el fondo no terminamos de saber con certeza algo sobre alguien. Tal vez los poemas y diversos escritos de Andrés Bello sean el único legado posible para al menos aproximarnosle. Siento la nostalgia de sus noches europeas cuando vivía en Londres. El exilio es uno de los puentes para que nazca la escritura.
Escribir sobre lo que se conserva de alguien es remontarse nuevamente a los juegos de la imaginación. Pienso en un humanista que toda su vida se refugió en las bibliotecas a saciar su infinita sed de conocimientos. Tal vez se refugió en los libros para encontrarse de nuevo en su Caracas tan amada. Tal vez se refugió en los libros para soñar a la América que luego sería parte de sus palabras. Quizás su única casa fue la poesía.
La pila bautismal es uno de los legados de su memoria. Cuando alguien los sueña, los objetos se vuelven distintos como cada una de las formas de contemplar el mundo. Esa pila bautismal quizás fue el puente con la significación del nombre como primera forma de existencia, fue el lugar en el que se le dio nombre a este amante de la sabiduría y él comenzó a existir a través de ese nombre. Los nombres son una forma de reafirmación cuando viene la muerte. La escritura es otra forma de sobrevivir, de ser alguien en el momento en que se sellan los ecos de la mortalidad.
Pienso en Andrés Bello y algunos versos vienen a mi memoria y se vuelven parte de mi existencia “Divina poesía,/tú, de la soledad habitadora”, y la soledad es alimento de mi palabra y de su palabra. La figura del hipérbaton juega con el orden del discurso del mundo de esa escritura. Los cuerpos y la poesía habitan finalmente en la soledad.
Pienso en los objetos o libros que tanto amamos, que alguna vez nos pertenecieron y luego serán de otro que los sueñe. Hay un poema en el que Cristina Peri Rossi dice que su casa es la escritura. Se sabe que ella tuvo que dejar sus tierras uruguayas para irse a España y poderse salvar de las crueldades de la dictadura. Andrés Bello tampoco regresó a Caracas y tal vez la evocaba tras sus largas noches inglesas o chilenas. Cuándo se ha dicho que la noche tiene el genitivo de un país y que las noches caraqueñas son distintas a las noches de Londres o Santiago de Chile. Cuándo se ha dicho que mi noche en esta pequeña ciudad sea distinta a todas las demás noches. A las noches en cada pedazo del mundo. La noche es la noche. Nos dejamos abandonados en los objetos para continuar. Hay cosas que ya no nos pertenecen porque no dicen nada de nosotros.
Dejamos de tener alguna significación y nos destejemos en los verbos. Las casas se cubren de polvo. La pila bautismal tiene ese aire lleno de rastros de la época colonial. La independencia era un sueño. Pienso en los momentos en los que Andrés Bello enseñaba a Simón Bolívar a pensar y a creer en sus sueños, en las libertades de cada trozo de mundo y de país, en las igualdades y la justicia social. América era apenas un dibujo de lo que llegaría a ser.
Simón Bolívar sería un ejemplo de las bondades de Andrés Bello como educador, como humanista. Educar es una de las más hermosas formas de humanizar. Y el tiempo se detiene. Las casas se cubren de polvo y se desmoronan. La ciudad comienza a reconstruirse sobre su sustancia original, sobre los restos de lo que fueron vidas que sólo quedan escritas en nuestra memoria colectiva. En el papel los pasillos se prolongan hasta el infinito.

Maryfel Alvarado

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