miércoles, 1 de octubre de 2008

La lectura, el habla de una nueva voz...

La vida es uno de los ejes que se unen a la Literatura formando una misma realidad que se origina de la experiencia del hombre y su capacidad para ficcionar gran parte de la misma, para encontrarla en el espejo de la vida y de esa forma hacerla parte de la obra literaria.

Si citamos a Sergio Pitol, podemos observar como en su artículo sobre el Quijote llamado “El tercer hombre”, es capaz de conjugar el ser a la realidad del mundo, pero a su vez a la realidad literaria; Cervantes no sólo es el autor que mira, que cree, que posee para luego caer en la no posesión de la obra; es habla que se ciñe a la misma estancia del ser, su errancia y su poder de hacerse mito, de lentamente transformarse en la otra mirada que origina la luz y hace sentir al hombre la presencia de la humanidad y de la forma más intacta del mundo; cuando leemos estamos traduciendo con nuestra mirada al otro para caer en nosotros mismos; este es uno de los tantos aspectos que los dos artículos de los ensayistas mexicanos tocan, de la vida a la obra, de la obra a la vida, o la vida dentro de la misma obra, ¿hasta que punto podrá ser real?, la lectura como medio de ficción más allá de la razón, la entrega a partir de una lectura a la aventura incierta y en algunos casos certera, real.

Si se cita a Borges en su “Pierre Menard, autor del Quijote”, nos damos cuenta de que ese otro autor escribe la obra con las mismas palabras, pero ¿cómo la lee?, ¿Estará cumpliéndose la cita de Villoro de que la obra no cambia la forma sino el contenido, resultando que de lo explicito van a irse originando nuevos fondos, nuevas formas de leer a la obra que sigue dentro de su misma forma, de cambiarla con el tiempo para que de esa manera no cese su condición de clásico y siga naciendo desde su antiguo licor?

Sería ambicioso decirlo, pero no sólo podríamos ser personajes al hablar de que el lector de igual forma podría estar dentro de la ficción, quizás podríamos ser autores, en cuanto a lo referido a las llamadas lectura y reescritura; a la reinvención nacida de la invención, del origen, pues al leer reescribimos, transcribimos el original con otros ojos, los ojos de la pasión, los ojos del deslumbramiento, los ojos de la seducción nacida de la palabra; una nueva voz nace y es en Sergio Pitol y Juan Villoro como surge una de esas miradas, ese otro tiempo, la transparencia que comienza a dar luz a las formas, a los fondos, a describir a partir de la mirada del primer amor, de la primera lectura que luego será la quinta y que verá desde otros ojos lo que alguna vez vio por primera vez –leyó-, así comenzará el juego que luego nos invitará a pensar, a vivir nuestra propia reflexión; así despertará el silencio que poco a poco se hará voz, llama, vigilia, eclipse; comprenderemos, entenderemos, viviremos el tiempo que se ilumina para después desaparecer, ¿y después?, después surgirá la nada, alguna parte del todo contextual, textual, llevaremos la obra al infinito o a la extinción.

El comienzo del artículo de Villoro, “La suerte de una literatura depende de la forma en que es leída”, es una observación que palpa no sólo al Quijote sino al gran espíritu de la literatura, ¿lo encontraremos?, no sólo la escritura; esta cae bajo el yugo del lector y la voz de su lectura, la nueva invención, pues al leer no sólo estamos describiéndonos y salvándonos a nosotros mismos, estamos formando parte de esa suerte de la literatura, estamos salvándola, mirándola, recreándola a partir de su propia forma y fondo, estamos conjugando cada verbo, haciéndolo existir.

Si tuviésemos que hablar del destiempo y del verso de Guillermo Sucre “poetas de su tiempo llegan a destiempo”, Cervantes es uno de esos creadores que además de crear una de las obras que da inicio a lo que se conoce como la modernidad –ambos ensayistas hacen referencia a esa denominación-, nos lega otras suertes, si bien como refiere Pitol a lo dicho por Victor Sklosvski : “ la novela no sólo era la más nueva en la época de Cervantes, sino que en el siglo XX, en la época de las vanguardias, seguía siendo la más moderna”, es decir, es una obra que fue más allá de su tiempo y cuyas estructuras han erigido la suerte de otras literaturas posteriores, siendo un modelo de creación cuyas formas laten en los ecos de otras obras.

Ambos ensayos de diferentes maneras tocan lo biográfico; como puede surgir ese mundo a partir de un mundo vivido, de un realidad palpada, la gran conjunción existente en el artículo de Pitol es como Cervantes no sólo es autor sino parte de la ficción, el tercer hombre que también está dentro de la obra, como el Quijote puede estar leyendo el mundo quijotesco y Hamlet puede ser espectador de Hamlet, una obra de teatro dentro de la obra de teatro, el maravilloso juego donde la ficción se ficciona a sí misma, o se crea una especie de metaficción sino es el juego de la historia de la cual se desprende otra historia que forma parte de ese mundo; otro mundo surge dentro de ese mundo, quizás nosotros estemos en la última realidad, ¿cuál?; se plantea, se cuestiona a través de los juegos del lenguaje, de la vida y del diálogo, como la literatura forma parte de esas “magias parciales” que crearán una especie de totalidad a partir del lector que también llegará a cuestionarse la manera de escribir y de leer dentro de esa misma escritura.

Maryfel Alvarado

domingo, 14 de septiembre de 2008

Carta a Rainer María Rilke

A Rainer María Rilke


Sé que en mis palabras no hay ese rastro de humildad que hay en las suyas, pero necesitaba agradecerle su bondad, quizás es a partir de los otros cómo nos encontramos con usted, quizás fue a partir de otra necesidad original –pero esa necesidad es de muchos-, algunas veces es una necesidad que repasa lo humano y se ciñe en nuestros ojos que sólo son descubiertos a través de las pocas miradas que todavía intuyen el dolor y no lo burlan; en este momento los hombres que habitan el mundo no tienen más tiempo que para sí mismos y para pensar que rompiendo tabues es y burlando las circunstancias morales pueden ser felices, que esa es la única manera de llegar a la “verdadera felicidad”, es muy cierto eso que dice en sus cartas, sobretodo en la última donde habla de ese estado de soledad del hombre frente al mundo; eso principalmente se debe a que estamos amparados en nosotros mismos, hemos perdido la fe, hemos perdido la capacidad de comunicarnos con los otros y de amar con esa belleza que debe ver más allá de nosotros y de nuestras propias necesidades, hemos perdido la fe, la creencia, la paz porque siempre estamos en una constante batalla frente a fantasmas existenciales, frente a la soledad y lo otro que nos hace dudar del enemigo que se alza frente a la vista de nuestros ojos, no sabe como solía contemplar, como veía los perros que todavía suelen ser animales fieles y llevan en sí esa felicidad que ha perdido el hombre, como podía pensar que el ensueño nos hacía nacer, pero siempre existen palabras que matan esa sensibilidad, existen actos, sueños y se derrumba la creencia porque los otros la devoran como presas ensimismadas; es ese ensimismamiento el que nos tiene alejados de los otros y de nosotros mismos aunque cueste creerlo. Cómo no gozar la escritura, el lenguaje, si muchas veces es un elemento que nos da más vida que la misma realidad.


Necesitaba seguir mi carta, intuir, llevar un diario de vida porque junto a los otros sólo puedo compartir ciertas aproximaciones de lo que intuyo viviendo ciertos placeres que terminan definidos por la palabra efímero, por la soledad que se disfraza de encuentro y nos sostiene al pensar que creemos en el otro; al final vivimos creyendo en lo que los otros tienen de nosotros mismos, buscando la conexión a través de nuestro propio poder, de los idilios que se transforman en verdad lentamente y los poemas que son los únicos seres capaces de acompañarnos por completo a medida que los descubrimos y se van haciéndose espejo de sí mismos y de nosotros, nacen para sí, para el ser que los crea, para el otro ser que los vive en la distancia que poco a poco va haciéndose unificación, es poco lo que he escrito últimamente pero es su muerte la única vida, es el compañero de mi soledad y el ser imaginario que termina siendo motivo de mi palabra, cómo le admiro, cómo nace cada vez que se le lee y despierta su voz desde ese otro tiempo que fue presencia; yo no quiero caer en la maldad y no tener escrúpulos, no quiero dudar de los otros, pero la vida me hace demostración de esas distancias, me abre los ojos y me atormenta, me hace nacer cada día por una verdad que se rompe, cuanto extraño ese tiempo que no nació para mí, el tiempo en que el hombre era naturaleza y la naturaleza hombre, es que había humanidad, esos pequeños momentos que nos habitan para siempre por medio de los poemas de 1920 y de comienzos del siglo XX, ¿cómo no creer en usted, en Pessoa, en Cavafis, en esos seres contempladores del abismo de la existencia?


Maryfel Alvarado

Cómo huir sin dejarnos desvanecer.


Hoy leí “Lo huidizo y lo permanente” de Juan Sánchez Peláez, aún lo sueño, aún lo pienso y lo recuerdo, lo voy pensando y siento la libertad en la más pura ensoñación, queda tanto de nuestro espíritu en la palabra poética, es tan difícil acercarse y tener una comunión con la palabra, saber cuales son las palabras que la designan y la hacen renacer, vivir en el eco que deja en los demás, y así ¿Cómo no citar al poema si él es una cita de sí mismo?, ¿Cómo no citarme o no verme?, sólo recuerdo, pero en el recordar existe la emoción que se produce a través de la sensación que se mezcló con el pensamiento, y así “lo que no me tiene en cuenta/lo huidizo y permanente” hay en esa huida una especie de fuga que se recupera a través de la palabra y de la recreación o la valoración hecha al lenguaje y a la forma, a la más intima forma del poema, una forma solitaria y única, es así quizás como permanece.

La lengua es en sí misma capaz de crear una permutación y de ser infinita a través de la creación y el ensueño, ¿Cuántas veces no ha sido creado otro mundo con sólo soñar o ensoñar, con el estado más puro de la contemplación?, la imagen que vuela y se hace respiración, la imagen que se vuelve eso que sueña el otro ser y deja de ser estática, cae en la gravedad de los hilos del pensamiento.

Sueño el poema, “Si vivo/ vivo en la memoria”, el ir y venir, la existencia del ser dependiendo del otro, quizás el ser del poema vive mientras permanece en la memoria de los otros, en su existencia, la palabra nace y siendo eco se extiende y se vuelve multiplicidad de formas, de imágenes, de sueños guardados en la memoria y en el recuerdo bajo una emoción.

En el poema “Lo huidizo y lo permanente”, el sueño se hace presencia, pero una presencia que no deja de ser parte de la más pura realidad, un presencia que emana de la contemplación y la comunión del hombre con su entorno y las sensaciones más leves, más innatas, el hombre que ya deja de ser el de todos los días y vuelve a nacer a través de sus sueños, de su forma de ver y de pensar el mundo y las acciones que de forma natural se desprenden de él.


Maryfel Alvarado